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Rentabilidad Riesgo de una Cartera

¿Por qué debemos medir la rentabilidad y el riesgo?

La rentabilidad es una medida vital, pero incompleta...

Aunque la rentabilidad obtenida por una inversión es sin duda el indicador financiero fundamental de su éxito, tanto desde el punto de vista del objetivo del inversor como a la hora de compararla con sus posibles alternativas, se trata de una medida incompleta.

Por ejemplo, si una cartera que invierte en renta fija y otra que lo hace en renta variable obtienen el mismo rendimiento, no podemos deducir de ello que ambas sean igualmente convenientes. Es necesario disponer de medidas adicionales que permitan comparar los resultados de distintas carteras, y para ello debe proporcionarse algún indicador del riesgo de las mismas.

...especialmente antes de decidir dónde invertir

Una vez tomada la decisión nuestro único objetivo es obtener la máxima rentabilidad. Antes, a la hora de evaluar distintas alternativas de inversión y/o decidir si confiamos en una determinada institución o profesional para que gestione nuestra cartera, estaríamos ignorando una información muy valiosa si no considerásemos alguna medida de riesgo.

¿Para qué sirven las medidas de rentabilidad/riesgo?

Facilitan las comparaciones entre distintas inversiones, porque sintetizan en un indicador las dos variables claves mencionadas anteriormente. Así, se emplean medidas relativas, que proporcionan el rendimiento por unidad de riesgo total o que ajustan la rentabilidad de la cartera a un nivel de riesgo total de referencia.

¿Qué son los benchmarks?

La información que proporciona la desviación típica sobre el riesgo de una cartera (y, por tanto, los indicadores económicos que la incluyan) puede completarse empleando medidas más específicas, que permitan relacionar el comportamiento de la cartera con el de una referencia o benchmark .

La definición de un benchmark para una cartera tiene como objetivo proporcionar un indicador de su evolución y de la calidad de la gestión realizada, por lo que debe elegirse de modo que sea representativo. Por ejemplo, una cartera de renta variable que invierta en su totalidad en la bolsa española podrá tener como benchmarks el IBEX 35 o el Índice General de la Bolsa de Madrid.

Una comparación detallada entre el comportamiento del benchmark y el de la cartera permitirá determinar la calidad de los distintos componentes de los resultados obtenidos por ésta, como el market timing (¿hemos apostado por el mercado, entendido como un todo, en el momento adecuado?) y la selección de valores (¿hemos adquirido los componentes apropiados para la cartera?).

Medidas de riesgo relativas al benchmark

Una medida del riesgo de un cartera relativo a su benchmark es la beta , que indica los movimientos de aquélla en función de las fluctuaciones de éste. Una cartera con una beta superior a 1 (por ejemplo, Telepizza) amplificará las oscilaciones del mercado, por lo que su riesgo será mayor que el de éste; en cambio, una beta menor que 1 (como Red Eléctrica) señala una cartera conservadora, con movimientos de menor magnitud que los del benchmark. Teóricamente pueden darse betas negativas, que indicarían que la cartera se mueve de forma opuesta al mercado, pero son valores extremadamente raros en la práctica.

Debido a su motivación teórica, la beta resulta más apropiada como medida de riesgo para carteras de renta variable y/o mixtas que para carteras de renta fija. En cualquier caso, para disponer de una estimación del riesgo total debe complementarse la información proporcionada por la beta con la desviación típica .

A la hora de emplear la beta como medida de riesgo para carteras de renta variable debe tenerse en cuenta que es especialmente adecuada para carteras diversificadas, ya que no mide el riesgo conjunto (como hace la desviación típica), sino sólo el riesgo sistemático o de mercado. Por ejemplo, una cartera concentrada en dos valores del sector de construcción no debe ser evaluada según su beta, pues su componente de riesgo específico es muy elevado y se obtendrían conclusiones erróneas acerca de su comportamiento. En este caso, debería redefinirse el benchmark, de modo que en lugar del mercado se eligiera un índice sectorial o emplear solamente la desviación típica.

¿Cómo elegir el benchmark adecuado?

La elección del benchmark viene en general dada por la composición de la cartera, que condicionará de manera casi total cuál es la referencia apropiada para seguir su evolución y formar expectativas sobre su comportamiento futuro.

Para cuantificar la proximidad entre la cartera y el benchmark elegido se emplea el tracking error, que mide la desviación entre ambos. Un tracking error elevado denota una evolución alejada de la del benchmark, por lo que debe tenerse cierta cautela a la hora de realizar comparaciones entre éste y la cartera. En cambio, un tracking error bajo indica que el benchmark elegido resulta muy representativo del comportamiento del cartera.

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